sábado, 22 de agosto de 2026
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México

El amaranto: pilar prehispánico para la soberanía alimentaria en la CDMX

El cultivo de amaranto en el sur de la capital mexicana destaca como una estrategia clave para la preservación ambiental y la seguridad alimentaria regional.

Redacción Alcance
Foto: lopezdoriga.com

El cultivo de amaranto en las zonas agrícolas del sur de la Ciudad de México se ha consolidado como un elemento estratégico para la soberanía alimentaria y la resiliencia ecológica de la capital. Este grano, cuya tradición se remonta a épocas prehispánicas, es reconocido por especialistas y productores locales como una herramienta esencial para la recarga de los acuíferos y el mantenimiento de la biodiversidad en las áreas de conservación de la metrópoli.

A pesar de ser un cultivo resiliente, su producción enfrenta desafíos vinculados a la presión del crecimiento urbano y las variaciones climáticas. Productores de la zona han señalado que, ante la incertidumbre actual, el enfoque de las políticas públicas debe trascender las respuestas inmediatas y centrarse en formular mejores preguntas sobre la viabilidad a largo plazo de estos sistemas agrícolas tradicionales.

La SEMARNAT, en conjunto con instancias locales, ha propuesto fortalecer los mecanismos de apoyo para los agricultores de la región, buscando incentivar prácticas que protejan el suelo volcánico y optimicen el uso del agua. Estas iniciativas no solo persiguen la preservación de una semilla milenaria, sino también el fortalecimiento del tejido social que sostiene la producción agrícola en las alcaldías de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta.

El debate sobre la soberanía alimentaria en México exige un análisis profundo sobre cómo el amaranto puede integrarse de manera más eficiente en las cadenas de suministro locales. La propuesta de diversos colectivos agrícolas sugiere que la clave reside en la capacitación técnica y la creación de canales de comercialización justos que garanticen una rentabilidad digna para quienes trabajan la tierra en el sur de la CDMX.

En última instancia, el futuro del amaranto no depende solo de su resistencia biológica, sino de la capacidad institucional para diseñar estrategias integrales que vinculen la protección ambiental con el bienestar económico de las familias campesinas. La transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles en la capital requerirá, según expertos, un diálogo constante entre el conocimiento ancestral y las necesidades tecnológicas contemporáneas.

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